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Casa Santa María – Nicaragua

Casa Santamaría es una Residencia de los años 60, una joya de la historia que ha sido intervenida para su completa restauración, pensada para mantener la esencia de la vivienda y actualizar sus sistemas para el uso cotidiano.

Casa Santamaría responde a una arquitectura del movimiento moderno de los 60s, con espacios amplios abiertos a una vista espectacular, con una composición horizontal tanto en planta como en elevación que genera proporción y un diálogo continuo entre la escala humana y el espacio interno. El programa de necesidades alberga los espacios sociales al centro de la composición, destacando un corredor majestuoso que permite el acceso a todos los ambientes de la planta.

La pureza de sus volúmenes permite un juego de sombras de jerarquía entre ellos. Se buscó en todo momento la integración de los espacios: un garaje (carport), espejo de agua, desayunador, terraza al aire libre y un bar junto a la piscina.

El patio interno frente al recibidor permite la iluminación y ventilación cruzada permanente. Además, se logra el aprovechamiento de las visuales, observándose vistas panorámicas espectaculares: noreste Tipitapa, norte las montañas de Estelí y noroeste el volcán Momotombo.

El sistema constructivo original es de fundaciones aisladas de concreto reforzado, paredes de mampostería confinada enchapadas con fachaletas de barro en su exterior y losas de concreto con sistema de bovedillas. El uso balanceado de madera en ciertos ambientes del interior, en pisos y cielos, genera calidez al mezclarse con las paredes internas blancas. El proceso de reforzamiento de las paredes obligó a forrarlas en su interior. La incorporación de nuevas canalizaciones eléctricas se introdujo en el nuevo forro de tabla yeso, evitando el corte de los muros y por ende, el deterioro de la estructura.

Se reformó en su totalidad el área de la piscina, incluyendo los sistemas de iluminación y bombeo de agua. La incorporación del bar adyacente a la piscina genera un destino en el eje de circulación principal de la casa. La actualización de sistema de ventanas en todos los vanos de la casa maximiza e incorpora la vista de adentro hacia afuera y viceversa, creando una transparencia que amplifica la sensación del espacio.

El tema de sostenibilidad se aborda en la búsqueda de re-habitar la casa mediante un proceso de preservación y conservación, rescatando el acervo histórico de la arquitectura moderna de la ciudad de Managua. El criterio fundamental en esta obra, fue el de intervenir la casa sin alterar el equilibrio formal de la misma, utilizando productos localmente accesibles y mano de obra calificada.

La colocación de pozos de luz a lo largo de casa, iluminan y ventilan naturalmente los ambientes. La sustitución de iluminación incandescente por tecnología led reduce el consumo energético drásticamente. El control de las escenas de luz y sonido genera eficiencia en los espacios; a la vez que generan una relación constante entre el exterior y el interior para un confort total en la edificación.

La climatización de todos los ambientes de la casa se actualizó utilizando aires acondicionados de última tecnología, también generando una reducción al consumo energético. La colocación de filtros UV en los vidrios permite el resguardo de las pinturas y muebles. Por su parte, la sutil intervención compositiva realizada genera a su vez un efecto de protección solar: las pérgolas y losas voladas se integran junto a aislantes termo-acústicos para mantener el control de la temperatura interna.

Mediante la intervención inteligente realizada se ha logrado preservar esta pieza histórica, Casa Santamaría, que hoy en día tiene un valor intangible dentro de nuestra sociedad y permite que sus habitantes vivan de acuerdo a estándares de confort y sostenibilidad que deben ser promovidos en el Siglo XXI.

 

 

Arquitecto: Arq. Kelton Villavicencio

Estructural: Ing. Jimmy Altamirano / Ing. Raúl Hernández.

Eléctrico: Energisa

Constructor: Erling Ramirez 

Administración: Inversiones Inmobiliarias y Valores S.A. 

Área Construida: 890 m²

Periodo de construcción: 12 meses

Tree House – Costa Rica

El proyecto Tree House nace como un refugio que pudiera permitir un escape de la ciudad para nuestro cliente, químico de profesión y artista por vocación.  El terreno se encuentra en Costa Rica, en una zona boscosa en Carrillo de Guanacaste.

Desde el inicio del proceso y por las condiciones del sitio, se planteó conservar la mayor cantidad de árboles existentes en la propiedad. Esto generó como punto de partida la integración de la casa con su contexto inmediato logrando con ello que conceptos como permeabilidad, integración y la relación exterior – interior sean fundamentales en el proceso de diseño.

La casa necesitaba ser segura ya que permanece deshabitada muchas semanas al año, y además, ser resistente a las condiciones climáticas que afectan la zona como la brisa marina. De estas limitantes nace la idea de proponer una arquitectura brutalista, un refugio de hormigón armado con membranas permeables que se adapten a las temporalidades, al programa arquitectónico y al clima.

Un punto de suma importancia fue la integración de un árbol existente que atravesaba el espacio social, logrando una sinergia entre la casa y este espectacular ser vivo. “El exterior se vive y disfruta en el espacio interno y el interior se proyecta hacia el exterior”.

La casa se compone de tres volúmenes puros, los que fungen como contenedores de las actividades espaciales solicitadas. Éstos son articulados con la topografía del terreno y tienen la capacidad de adaptarse según los requerimientos de sus usuarios.

El acceso principal se encuentra elevado sobre el nivel de estacionamientos y plantea un recorrido que permite estar en constante contacto con su entorno natural.  La cocina se encuentra en el corazón de la casa, en el área de estar, frente al árbol, al que rodea la sala. El cerramiento en acero expuesto perforado utilizó un patrón abstracto que se generó a partir del arte realizado por el cliente. Este tipo de filtro especial permite la conexión interior-exterior deseada en el espacio.

Este espacio social se abre hacia la terraza que contiene la piscina, la cual se desborda hacia el bosque que lo rodea, generando un sonido que imita un riachuelo y que proporciona una conexión sensorial especial.

Un porcentaje amplio de las ventanas se encuentran protegidas por las citadas estructuras de acero perforado, las cuales generan una interacción con el movimiento del sol tamizando los espacios durante el día e incrementando el confort térmico de la vivienda.

La habitación principal se compone de un espacio de dos niveles; en la parte baja se encuentra la recámara con su baño, con vista al jardín posterior donde se realizó una composición con los arboles existentes, agregando piedra blanca molida propia de la zona. La escalera se encuentra flotando sobre la pared en concreto expuesto oscuro, proyectando la circulación vertical con tensores de acero que funcionan como baranda virtual y dirigen hacia el taller del artista.

El taller se encuentra a nivel con la copa de los arboles y permite salir a la losa que funciona como cubierta-terraza y permite una conexión única del artista con su entorno en todo momento.

Sky Condos Perú

El proyecto nace a partir de la visualización de la identidad del Perú, de parte de su ser, de sus entrañas, donde la fuerza del pasado es testigo del presente, y viaja a cada paso en el imaginario de sus habitantes, se abre como escenario ocasional y en cada escena entreteje dos historias, un pasado y un presente.

A partir de un juego de tramas de esta fuerza del pasado, se resalta como elemento central la “Huaca”, definida como parte de la estructura de la ciudad, rememorando el antiguo Perú y su cultura, sus centros de veneración y culto.

El juego volumétrico de la “Huaca” lleva a la abstracción de un juego líneas y retículas que ayudan a establecer la complejidad dentro de la sencillez. El proyecto es una escena, es pausa y símbolo, pasado y presente, las líneas definen la estructura, la retícula conforma las posibilidades de composición, y la volumetría alberga la espacialidad que se conjuga con el contexto, el verde del campo, el azul del mar, y los tonos marrones de la ciudad.

Dentro de la retícula, el espacio se transforma, adentro y afuera, arriba y abajo, las dimensiones pierden límites para crear una experiencia sin igual en el usuario, la libertad se abre paso y el proyecto a veces se pierde en el azul del cielo, a veces se pierde en el verde del afuera, se transforma, y es oasis dentro de la ciudad.

Como principio, la estructura se define de una manera sencilla, donde las interrelaciones deseadas van a interpretar la complejidad. De esta manera, se establecen múltiples composiciones, enfatizando intenciones vinculadas principalmente con la búsqueda de espacialidad y confort.

Es así como se articulan al proyecto los matices ofrecidos por el contexto, el verde de los campos, la tranquilidad azul del océano, y los marrones, la tierra misma, creando un oasis dentro de la ciudad.

El proyecto se encuentra entonces “invadido” por el verde, por medio de jardines aéreos, o espacios verdes en altura, que van a predominar en los vacíos del juego volumétrico de la edificación y que toman dimensiones de hasta 4 pisos de altura, llegando a constituir hasta un 18% del área total del edificio.

A partir de esta particularidad se establece una fuerte relación entre los amplios espacios interiores, vinculándolos directamente con estos jardines. El agua es un elemento de suma importancia que también se encuentra presente, formando parte de las fachadas mediante la integración de piscinas sin límite.

El proyecto enmarca una volumetría dinámica dentro de una estructura que respeta la forma pura de los elementos urbanos del contexto: la estructura principal funciona como una columna vertebral en concreto, donde se localizan los núcleos de circulación vertical e instalaciones. La estructura secundaria en metal, es una estructura modular que funciona como marcos que sostienen los volúmenes habitables. Estos se pueden utilizar como andamios o la utilización de anclajes en vigas que facilitan la limpieza y mantenimiento del edificio.

Casa RH – Managua

La CASA R.H. es una vivienda unifamiliar ubicada en un residencial de la ciudad de Managua, diseñada para una pareja de profesionales jóvenes. La música es un elemento importante en el programa de la vivienda ya que uno de sus ocupantes es músico, por lo que el diseño incluye un cuarto de ensayos y una relación de espacios internos que favorezca las reuniones sociales.

El terreno siempre es uno de los principales factores a tomar en cuenta dentro de un proceso de diseño, la correcta orientación es esencial para la eficiencia y confort de los espacios de un proyecto.

En este sentido la CASA R.H. se encuentra ubicada en un lote de forma irregular, con un acceso bastante estrecho y comprometido por las vistas de las casas vecinas. La idea principal del proyecto fue brindar a sus habitantes la mayor privacidad posible, por lo que la casa se cierra al espacio exterior (la calle) y se abre en el interior. La sobriedad de las formas y el uso efectivo de los materiales de la CASA R.H. son una respuesta al contexto en el cual se ubica la vivienda.

El acceso al lote se encuentra orientado al oeste mientras que al norte y al suroeste se encuentran las viviendas de los vecinos. Por esto, la fachada principal posee una serie de parasoles de madera que protegen de la incidencia directa del sol de la tarde y dan privacidad. Al interior los espacios sociales se ubicaron de tal manera que todos tuvieran una relación directa con el patio que está orientado al noreste, de esta manera la casa se beneficia de la iluminación y ventilación natural. En toda la casa se hace uso de la ventilación cruzada.

Casa 72 – San Juan del Sur

El proyecto se localiza frente a las costas de la bahía de San Juan del Sur. En un terreno que presenta una topografía accidentada la cual permite una amplitud de vista a todo el paisaje natural de la bahía. Como primera intención, el Arquitecto decidió como principio de diseño: esconder su proyecto dentro de la naturaleza y aprovechar la vista al mar.

La casa 72 aporta al entorno una intención arquitectónica. Es una casa angosta, que crece verticalmente, rompiendo el estilo tradicional de la zona, formalmente se integra con el ambiente, y busca interactuar con las visuales que ofrece el sitio.

Los juegos de los volúmenes generan una combinación de materiales en su estado natural, principalmente madera, acrílico y concreto expuesto. Estos volúmenes presentan grandes aperturas que permiten la circulación natural del aire. Además la utilización del acrílico, permite la entrada de luz durante la mayor parte del día. Los interiores son totalmente abiertos, los cuales se integran entre si gracias a los diferentes niveles de pisos del proyecto.

El programa está compuesto por 7 niveles, el primer y segundo nivel se complementan entre si mediante un espacio social abierto, que funciona como acceso principal a la casa, este se conecta con una zona de doble altura que integra la cocina con el comedor y la sala familiar. Estos son vestibulados por el eje de circulación vertical, el cual sirve de conexión con los niveles superiores de la vivienda, los cuales albergan 5 habitaciones y diferentes espacios de estudio y terrazas, que permiten una vista de 180° a la hermosa bahía de San Juan.

Los cerramientos y pisos de la casa son en su mayoría maderas de Pino tratado, traídas del Departamento de Jinotega, Nicaragua, estos descansan sobre muros de concreto expuestos, en el nivel inferior.

Las fachadas presentas diferentes juegos de vitrales en tonos amarillo, azul, naranja y rojo, la fachada oeste se abre con dichos vitrales, para aprovechar la vista y permitir el acceso de luz a los diferentes niveles. Las fachadas norte y sur son más cerradas pero presentan diferentes terrazas las cuales generan una sensación de movimiento.

 

Casa Salo – Panamá

Hace años vivía en París, en un apartamento en el sexto piso de un inmueble en la Rue Montmartre, en Les Halles. Eran cuatro minúsculos cuartos al final de una escalera desvencijada con dos ventanas hacia la calle y una hacia un patio interior y no podía estrecharme mis brazos sin tocar el techo. Durante años sentí que era el cielo, pero a medida que esa ilusión se desvanecía y parecía ser más como una camisa de fuerza que el paraíso.

Me encontré a menudo meditando en la idea de vivir algún día en un lugar sin paredes, sin ventanas, sin restricciones, sin límites.

Años más tarde vino la revelación. Era una hermosa tarde de febrero, el cielo estaba teñido de naranja y morado y estaba sentado en el “break” de Santa Catalina, cuando de repente se me ocurrió que tal vez encontraría lo que desde hace tanto tiempo soñaba en el promontorio que veía al oeste, en el horizonte. Y así fue.

Aunque a raíz de muchos años de práctica de agricultura de subsistencia, la cima del cerro había sido transformada en un campo baldío, quemado y estéril, estaba rodeado por el cielo y el océano infinito, con una franja de bosque seco desde donde emanaban los llantos de monos aulladores y había una vista hacia el sur que juraba dejaba ver hasta las Islas Galápagos.

Ese primer día en el cerro, sabía que si íbamos a intentar vivir allí tendríamos que recrear el ecosistema devastado como primer paso, y con esa meta en mente nos pusimos a construir una estructura hecha de materiales recuperados que llevamos en camión, cayuco, balsa, panga, a cuesta de caballo y a cuesta de espalda, a través de caminos enlodados, pasando por el Río Grande, manglares, playas y ensenadas hasta la cima del cerro. Allí construimos un gran techo para captar agua de lluvia en tanques y una cisterna abierta que sirve también de piscina, sembramos plantas, flores y árboles por todas partes y dejamos a la madre naturaleza tomar su curso.

A cambio nos regaló una explosión espontánea de vida- las aves volvieron primero, cantando en los aleros al amanecer- luego vinieron mariposas, ranas, serpientes, iguanas, más monos aulladores- hasta los venados que se habían cazado casi a la extinción, encontraron el camino de vuelta.

Siguiendo el ejemplo de la madre naturaleza y como respuesta a sus cambios de temperamento, crecimos la casa orgánicamente. Cuando venían rayos, truenos y tempestades como una alucinación desde el sur, hicimos el techo más grande en esa dirección, para encajar el choque de la colisión y deslizamos paredes traslúcidas para protegernos de la lluvia, asegurándonos un espacio de calma y la esperanza de salvación dentro del caos. Cuando los vientos cálidos del verano soplaron sin tregua desde el norte en un intento de barrernos de la cima del cerro, retiramos las paredes y el techo, ligero como una cometa, ondulaba como olas del océano o como un ave gigante tomando vuelo.

Comenzamos construyendo la casa SaLo con el objetivo de recrear un ecosistema y de investigar la naturaleza de la arquitectura tropical. Durante los últimos diecisiete años la casa ha sido como una especie de laboratorio donde hemos experimentado con estructuras, materiales y métodos de construcción, esperando de esa manera llegar a alguna conclusión respecto a estos temas.

Pero resulta que es mejor que el experimento se quede sin conclusiones y lo único que puedo decir con certeza es que la experiencia de construir y vivir allí nos ha llevado a apreciar más que nunca algunas cosas simples e infinitas como lo son el espacio y el tiempo, permitiéndonos de paso un destello de lo que tal vez sea el paraíso.

Casa Osmosis – Costa Rica

¿Cuántos pliegos podemos descubrir entre el interior y el exterior?

Esta fue la pregunta para una casa que se encuentra sobre una montaña con vista consumante de la cuenca del Río Tulín y Océano Pacífico de Playa Hermosa de Jacó. Es un hecho que el trópico no tiene las condiciones de frío y calor extremo que existen en las zonas temperadas, pero ¿de qué manera es aprovechable que los espacios interiores en el trópico no tienen que estar sellados del o hacia el exterior?

Esta fue la partida de la exploración para esta casa en donde el proceso arquitectónico fue metáfora del proceso biológico de osmosis. El programa fue definido en tres volúmenes sólidos los cuales se han separado y conectado entre sí por un espacio intersticial permeable a la luz, ventilación y libre circulación de sus residentes.

Los desplazamientos entre los volúmenes y el intersticio permeable fueron resultado de orientar a fuertes vistas y fuerzas del sitio. En esta casa las preguntas y sueños arquitectónicos fueron los que marcaron las pautas para las soluciones técnicas y no viceversa.

La permeabilidad a la luz se creó por medio una cubierta traslúcida y un cielo traslúcido, la permeabilidad a la ventilación se creó con cerramientos múltiples de metal expandido con cedazos y la libre circulación se creó con sistemas plegables y corredizos de escala exagerada que permiten una gran apertura de la casa con el exterior. Esta permeabilidad busca y crea espacios que apuntan hacia uno de los aspectos más primordiales de la vida: Crecimiento y movimiento.

Fuentes de crecimiento son la luz que brinda salud mental, física y emocional; así como la apropiada y continua ventilación natural, perteneciente a un equilibrio dinámico.

Salud entonces es uno de los resultados de asimilar un proceso biológico en la arquitectura como lo es el proceso biológico de “osmosis”. Osmosis es la permeabilidad entre un sistema y otro que permite de manera controlada un eventual balance entre ellos.

De esta manera la casa tiene múltiples capas entre el exterior y el interior y se pueden delimitar como las siguientes: Exterior, Exterior techada, Exterior techada luminosa, Interior techada luminosa-ventilada, Interior techada-ventilada e Interior. No es posible transitar de exterior a interior en esta casa sin atravesar estas capas y su consecuente efecto fenomenológico en el cuerpo y psique.

Es una exploración tropical pero no vernácula. Es una exploración contemporánea que busca entender el clima y su lugar dentro del espíritu de la época actual quien habita en el espíritu de sus residentes. El programa se desenvuelve tanto por las necesidades interiores del cliente como por las fuerzas existentes en el sitio. De esta manera su composición y circulación son también resultado de un proceso biológico de movimiento de fuerzas interiores y exteriores.

La conclusión es crear más perplejidad entre esta división preconcebida entre interior y exterior que ha sido adoptada de la arquitectura de las zonas temperadas. Así creando una solución más relevante al clima y condiciones del trópico.

A diferentes horas del día, esta casa se abre y se cierra de diferentes maneras y a toda hora esta es saludable y apta para sus residentes mientras continúe cambiando.

Passatge Marimón – Barcelona

Situado en el Passatge Marimón del barrio de Sant Gervasi y con una visión directa desde la Avenida Diagonal, se erige un edificio entre medianeras de planta baja más 2. El programa definido por el cliente consta de un local comercial en planta subterránea, planta baja y planta altillo y de dos plantas de viviendas con dos apartamentos por planta.

El edificio se relaciona con sus aledaños por medio de dos fachadas, cada una con su carácter propio, la fachada principal que da al Passatge y la fachada posterior que da al patio de manzana.

La fachada principal se define por medio de dos planos. Un segundo plano, alineado con el plano de fachada de los edificios colindantes, de Acero inoxidable y vidrio que busca dar la máxima iluminación a los apartamentos de las plantas superiores, al local comercial y a las zonas comunes del edificio que se apoya sobre tres brancales de hierro negro. En cambio el primer plano, que funciona como un velo, un filtro de privacidad entre la vía pública y los interiores, se formaliza por medio de brisoleil de madera. Esta estructura se separa 45 cm de la fachada y se articula por medio de 4 mecanismos diferenciados que convierten la fachada en un elemento dinámico que reinventa las “mallorquinas de madera” que caracterizan las aberturas de nuestros vecinos.

La fachada posterior, formalizada por medio de grandes aperturas de vidrio, dos balcones lineales y partes opacas da luz a las dos plantas de viviendas y al altillo del local comercial. El plano de vidrio, se transforma a medida que se abren las puertas correderas, estás se esconden tras los planos opacos convirtiendo el interior en exterior. Además, la fachada posterior se abre sobre la terraza situada en planta altillo a su vez, al final de la terraza un lucernario hace de junta con el edificio vecino al mismo tiempo que nos permite llevar luz natural a las plantas inferiores del local comercial.

Las zonas comunes del edificio se definen por medio de cuatro materiales principalmente al mismo tiempo que un plano inclinado sobre la entrada nos invita a ir hasta el fondo del acceso donde se encuentra el ascensor. Los materiales que conforman las zonas comunes son: uno metálico, el inoxidable que crea un final difuso del hall de acceso. El segundo, el vidrio que conforma una barandilla continua y la separación con el acceso a las zonas técnicas del edificio. Un tercer material de mármol blanco que se coloca a lo largo de la escalera común y en un paramento vertical y, por último, la madera que llena de calidez las zonas comunes y que acaba por envolver el rellano de acceso a los apartamentos.

Por su parte, cuatro apartamentos compactos (entre 40-50m2) se sitúan en las dos plantas superiores. Cada uno de ellos está dotado de un espacio exterior que permite extender los límites del apartamento. El interior, se imagina como un espacio continuo en el que las piezas se organizan alrededor de un estar continuo que va desde el acceso hasta la misma fachada.

Las terrazas y cubiertas se conciben como una extensión de los apartamentos en los que la vida crece desde el primer rayo de sol hasta el último, la envolvente de este edificio y el proyecto en sí se concibe como un interior que vive hacia el exterior llegando a transformar la lectura que tienen los viandantes como por ejemplo en el caso del velo de madera, que se abre, se cierra y se transforma en función de las personas que lo habitan.