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Casa Copé – Panamá

Habíamos conocido los clientes cuando nos visitaron un fin de año en Casa SaLo. Estaban en ese tiempo en busca de un terreno en las montañas de la cordillera central del país, donde soñaban con construir una casa de campo, y al cabo de su estancia aquel fin de año con nosotros, pidieron que se les asesorara en la búsqueda de un sitio en donde realizar su proyecto.

Unos meses después encontramos un sitio de unas 5 hectáreas en las montañas de la Provincia de Coclé, cercano al Parque Nacional Omar Torrijos, desde donde disfrutamos de impresionantes vistas de la cordillera hacia el norte, este y sur, y concluimos rápidamente que ese era sin duda el lugar en donde debía estar la casa. Así comenzamos a pasar fines de semana acampando allá, explorando, caminando por las montañas, bañándonos en el helado río que tumultuaba al pie del cerro, sintiendo, escuchando, oliendo- intentando entender la mejor manera de organizar e integrar la casa en el sitio y de retener la esencia de la experiencia de acampar en ella.

Desde el primer momento en que llegamos al lugar era aparente para todos que el panorama de la cordillera iba a ser el enfoque visual de la experiencia así que decidimos distribuir en el costado del cerro las diversas funciones de la casa en una línea con forma de “S”, siguiendo una cota topográfica y orientando todos los espacios hacia las vistas. Esta “S” está atravesada por la entrada principal a la casa- ubicada encima del sendero que usábamos para bajar del acampamento al río, hecho que formalizamos con un espejo de agua- una especie de antecámara al rio que aún se accede desde ese punto de la casa. En una de las alas creadas con este eje atravesado están ubicadas cuatro recámaras y tres baños; mientras que en la otra se ha organizado un amplio espacio que contiene la cocina, el comedor, la sala y tres terrazas suspendidas frente al valle.

La estructura de la casa consiste de fundaciones y vigas sísmicas de hormigón armado y una estructura portante de columnas y vigas de acero, la cual soporta un techo liviano de una sola agua. La fachada de persianas de madera fijas es la que ordena el patio de entrada a la casa, mientras que las fachadas norte, este y sur son grandes paños de vidrio o de mallas de mosquito abiertos a las vistas, el sol y los vientos que atraviesan la casa constantemente.

Los pisos son de concreto pulido y las terrazas que flotan sobre el costado del cerro, al igual que las fachadas, son de madera recuperada de casas demolidas en una antigua base de la fuerza aérea de Estados Unidos (antigua zona del Canal). Éstas fueron dispuestas en forma de persianas fijas, mientras que las paredes remanentes son de “M2”, un sistema de paneles de poliestireno recubiertos de una fina malla de alambre de acero que a su vez está repellada.

La estructura original tuvo que ser reforzado con armaduras de acero, las cuales han sido integradas a la expresión arquitectónica de Casa Copé. La estructura ha sido revestida principalmente con paneles fijos y persianas operables de madera de pino amarillo en la planta baja y de teca en las plantas altas. Los pisos interiores son de bálsamo y los de las áreas exteriores son de teca.

Edificios Sostenibles en Ciudad Del Saber – Panamá

¿Cuál es el principal objetivo de la Fundación Ciudad del Saber al construir edificaciones sostenibles? Desde el año 2009, Ciudad del Saber cuenta con un Plan Maestro de Desarrollo Urbano, cuyo objetivo general es ordenar su crecimiento, posibilitando el desarrollo de nuevas estructuras y espacios, dentro de una visión integral y con una adecuada provisión de infraestructuras.

Al Plan Maestro se ha incorporado la Estrategia “Ciudad Sostenible” que desarrolla un conjunto de principios sobre edificación, gestión de espacios, movilidad, manejo de desechos, comunicación y gestión del conocimiento, teniendo como horizonte convertir a Ciudad del Saber en un referente en materia de desarrollo urbano sostenible en Panamá.

Nuestras directrices sobre edificación sostenible, que emanan de la estrategia “Ciudad Sostenible”, establecen que en las nuevas edificaciones deben incorporarse consideraciones bioclimáticas y de sostenibilidad, siendo todas ellas sometidas al sistema de certificación LEED (Leadership in Energy and Environmental Design), regulado por el US Green Building Council. Esto garantiza que sean eficientes en el consumo de energía y agua, saludables, cómodas, multifuncionales, de relativo bajo costo de operación y mantenimiento y diseñadas para tener una larga vida útil y un impacto positivo en el ambiente, en los usuarios y en la comunidad.

Las edificaciones deben responder también a una planificación que garantice la preservación del entorno natural, la eliminación total de barreras arquitectónicas (facilitando el acceso a personas de movilidad reducida) y el acercamiento de los peatones a los edificios. La certificación LEED sirve como herramienta para poder medir cuán sostenible es un edificio en temas de eficiencia en el uso de agua, energía, materiales, recursos, calidad del ambiente interno e innovación en diseño.

¿Con cuántas edificaciones certificadas como sostenibles cuenta la Ciudad del Saber y cuáles son?  Actualmente contamos con 4 edificios certificados: El complejo de dormitorios, que es el primer edificio LEED Platinum (la más alta certificación LEED) en Panamá y el cuarto en América Latina. También tenemos La Plaza y la Terminal de Trasbordo, ambos certificados LEED Gold.

Asimismo, en el campus de Ciudad del Saber SENACYT está construyendo un complejo de 3 edificios que albergará las sedes de SENACYT, INDICASAT y el Centro Nacional de Metrología (CENAMEP). El edificio de SENACYT, inaugurado en marzo de 2014, ya cuenta con la certificación LEED Gold.

¿Qué tan rentables les ha resultado sus estructuras sostenibles? En cuanto a valor económico, cuál es la diferencia entre una edificación con estándares sostenibles en comparación con una infraestructura tradicional?  Para analizar la rentabilidad de un edificio sostenible es importante ver el proyecto como un todo, de forma integral, en lo referente al diseño, la construcción y la operación.

En materia de diseño, la Fundación Ciudad del Saber ha optado por una arquitectura bioclimática que aprovecha los recursos disponibles (luz solar, vegetación, agua de lluvia, vientos) para disminuir el impacto ambiental del proyecto. Si bien esto no es un requisito indispensable para obtener una certificación LEED, la arquitectura bioclimática reduce las necesidades de costosos equipamientos.

En el momento de la construcción, la certificación exige tener los controles de calidad durante todo el proceso, lo que controla enormemente que se produzcan sobrecostos. Eso redunda en un beneficio económico.

Finalmente, durante la etapa de operación del edificio, se ven los beneficios en cuanto a ahorro energético, ahorro de agua y, por supuesto, en la calidad del ambiente para las personas que usan el edificio, lo cual es fundamental para poder empezar a hablar de sostenibilidad.

¿Es rentable invertir en edificios verdes? Por qué? Definitivamente. Además del compromiso de la Fundación Ciudad del Saber en favorecer un nuevo modelo de desarrollo urbano con responsabilidad social y ambiental, el proceso de una certificación funciona como una herramienta de eficiencia que redunda en costos operativos más bajos y controlados.

Los grandes cambios que se están produciendo de forma acelerada en todo el mundo han hecho aún más necesario que la ciudadanía asuma la responsabilidad de participar en la creación y el desarrollo del propio entorno que habita, de formas que sean replicables en los niveles regional, nacional y mundial.

Casa 72 – San Juan del Sur

El proyecto se localiza frente a las costas de la bahía de San Juan del Sur. En un terreno que presenta una topografía accidentada la cual permite una amplitud de vista a todo el paisaje natural de la bahía. Como primera intención, el Arquitecto decidió como principio de diseño: esconder su proyecto dentro de la naturaleza y aprovechar la vista al mar.

La casa 72 aporta al entorno una intención arquitectónica. Es una casa angosta, que crece verticalmente, rompiendo el estilo tradicional de la zona, formalmente se integra con el ambiente, y busca interactuar con las visuales que ofrece el sitio.

Los juegos de los volúmenes generan una combinación de materiales en su estado natural, principalmente madera, acrílico y concreto expuesto. Estos volúmenes presentan grandes aperturas que permiten la circulación natural del aire. Además la utilización del acrílico, permite la entrada de luz durante la mayor parte del día. Los interiores son totalmente abiertos, los cuales se integran entre si gracias a los diferentes niveles de pisos del proyecto.

El programa está compuesto por 7 niveles, el primer y segundo nivel se complementan entre si mediante un espacio social abierto, que funciona como acceso principal a la casa, este se conecta con una zona de doble altura que integra la cocina con el comedor y la sala familiar. Estos son vestibulados por el eje de circulación vertical, el cual sirve de conexión con los niveles superiores de la vivienda, los cuales albergan 5 habitaciones y diferentes espacios de estudio y terrazas, que permiten una vista de 180° a la hermosa bahía de San Juan.

Los cerramientos y pisos de la casa son en su mayoría maderas de Pino tratado, traídas del Departamento de Jinotega, Nicaragua, estos descansan sobre muros de concreto expuestos, en el nivel inferior.

Las fachadas presentas diferentes juegos de vitrales en tonos amarillo, azul, naranja y rojo, la fachada oeste se abre con dichos vitrales, para aprovechar la vista y permitir el acceso de luz a los diferentes niveles. Las fachadas norte y sur son más cerradas pero presentan diferentes terrazas las cuales generan una sensación de movimiento.

 

Casa Salo – Panamá

Hace años vivía en París, en un apartamento en el sexto piso de un inmueble en la Rue Montmartre, en Les Halles. Eran cuatro minúsculos cuartos al final de una escalera desvencijada con dos ventanas hacia la calle y una hacia un patio interior y no podía estrecharme mis brazos sin tocar el techo. Durante años sentí que era el cielo, pero a medida que esa ilusión se desvanecía y parecía ser más como una camisa de fuerza que el paraíso.

Me encontré a menudo meditando en la idea de vivir algún día en un lugar sin paredes, sin ventanas, sin restricciones, sin límites.

Años más tarde vino la revelación. Era una hermosa tarde de febrero, el cielo estaba teñido de naranja y morado y estaba sentado en el “break” de Santa Catalina, cuando de repente se me ocurrió que tal vez encontraría lo que desde hace tanto tiempo soñaba en el promontorio que veía al oeste, en el horizonte. Y así fue.

Aunque a raíz de muchos años de práctica de agricultura de subsistencia, la cima del cerro había sido transformada en un campo baldío, quemado y estéril, estaba rodeado por el cielo y el océano infinito, con una franja de bosque seco desde donde emanaban los llantos de monos aulladores y había una vista hacia el sur que juraba dejaba ver hasta las Islas Galápagos.

Ese primer día en el cerro, sabía que si íbamos a intentar vivir allí tendríamos que recrear el ecosistema devastado como primer paso, y con esa meta en mente nos pusimos a construir una estructura hecha de materiales recuperados que llevamos en camión, cayuco, balsa, panga, a cuesta de caballo y a cuesta de espalda, a través de caminos enlodados, pasando por el Río Grande, manglares, playas y ensenadas hasta la cima del cerro. Allí construimos un gran techo para captar agua de lluvia en tanques y una cisterna abierta que sirve también de piscina, sembramos plantas, flores y árboles por todas partes y dejamos a la madre naturaleza tomar su curso.

A cambio nos regaló una explosión espontánea de vida- las aves volvieron primero, cantando en los aleros al amanecer- luego vinieron mariposas, ranas, serpientes, iguanas, más monos aulladores- hasta los venados que se habían cazado casi a la extinción, encontraron el camino de vuelta.

Siguiendo el ejemplo de la madre naturaleza y como respuesta a sus cambios de temperamento, crecimos la casa orgánicamente. Cuando venían rayos, truenos y tempestades como una alucinación desde el sur, hicimos el techo más grande en esa dirección, para encajar el choque de la colisión y deslizamos paredes traslúcidas para protegernos de la lluvia, asegurándonos un espacio de calma y la esperanza de salvación dentro del caos. Cuando los vientos cálidos del verano soplaron sin tregua desde el norte en un intento de barrernos de la cima del cerro, retiramos las paredes y el techo, ligero como una cometa, ondulaba como olas del océano o como un ave gigante tomando vuelo.

Comenzamos construyendo la casa SaLo con el objetivo de recrear un ecosistema y de investigar la naturaleza de la arquitectura tropical. Durante los últimos diecisiete años la casa ha sido como una especie de laboratorio donde hemos experimentado con estructuras, materiales y métodos de construcción, esperando de esa manera llegar a alguna conclusión respecto a estos temas.

Pero resulta que es mejor que el experimento se quede sin conclusiones y lo único que puedo decir con certeza es que la experiencia de construir y vivir allí nos ha llevado a apreciar más que nunca algunas cosas simples e infinitas como lo son el espacio y el tiempo, permitiéndonos de paso un destello de lo que tal vez sea el paraíso.

Casa Tuscania – El Salvador

El proyecto se desarrolla en un residencial privado, y que cuenta con seguridad permanente en las afueras de San Salvador. El terreno, por ser el principio de una vaguada, presenta una topografía accidentada y al mismo tiempo una amplia población de árboles y fauna. Desde primera instancia, se decidieron dos principios de diseño: ser parte de la naturaleza y aprovechar la vista al mar y a las fincas de café.

Los interiores se definen en materiales en su estado natural, principalmente concreto, vidrio y madera. El uso del vidrio permite la entrada de luz natural durante la mayor parte del día. Los interiores son totalmente abiertos, sin paredes que lo determinen para fomentar la idea de que el espacio es ininterrumpido y libre. Al interior, la casa desaparece.

El terreno tiene una pendiente promedio del 30%, y una diferencia total de 12m. Se encuentra en una urbanización cerrada colindante con un cafetal en su estado natural: arbustos y árboles de sombra. Sin embargo, la mayor parte de construcciones han cortado todos los árboles y aplanado los terrenos.

En nuestro caso, nuestro pronóstico es una urbanización con árboles en las calles. La intención de la casa era fundirse en la naturaleza del terreno y desaparecer, generar y mantener un pulmón en la urbanización y ser un completo contraste con su entorno; es decir, conservador, de estilo toscano y de jardines planos y engramados. Se pretende ser más como las ruinas que se encontraban en la zona.

El programa está compuesto básicamente de un nivel social por el cual se accede a la casa, y en el cual se encuentran una espacio abierto a doble altura y un ambiente que funde la cocina con el comedor. Se trata de un espacio donde conviven los habitantes, un área de lectura y baño social, terminando con una terraza abierta para disfrutar al aire libre.

En la parte inferior está la zona privada, en la cual se encuentra la habitación principal y dos habitaciones con sus respectivos baños, así como una sala familiar. Desligada del cuerpo principal se encuentra el área de servicio y tendedero confinado bajo un cubo de madera que también marca el acceso a la casa.

Aportación al entorno Intención arquitectónica. Se proyectó una casa angosta y abierta que formalmente se mimetiza con el ambiente, y que busca dialogar directamente con la naturaleza. Se busca ir mezclándose en medio de los árboles y evitar excesivos trabajos de terracería por la fuerte inclinación.

Se decidió ocupar el concepto de la terraza para poder sentirse al exterior la mayor parte del tiempo, excepto en los espacios íntimos y los baños. Para poder disfrutar de la vista, se creó un mirador mezanine de madera apoyado sobre esta gran plataforma de concreto.

Los cerramientos de la casa son “agregos”, parches que se desentienden de la masa de concreto, al igual que el techo, que se maneja como un gran canopy liviano y desprendido de la estructura principal.

Para ser parte de la naturaleza decidimos hacer un recorrido largo en medio de los árboles y disfrutar de la vida en los tres niveles: bajo las copas, al nivel de las copas y sobre las copas para al mismo tiempo poder disfrutar de la vista.
Fachadas. Las fachadas son diversas: en el costado sur se abre totalmente con vidrio, para aprovechar la vista y permitir el acceso de luz a toda la casa. En la fachada norte se plantea una fachada más cerrada pero con una intención plástica.

Al estudiar cuidadosamente las perforaciones y el material, en las fachadas cortas se utiliza vidrio, la oriente como acceso principal a la casa y la poniente que accede a la terraza al aire libre. En todas, el protagonismo de la cubierta es evidente, que no busca ocultarse sino al contrario, servir como un elemento que le da carácter a la volumetría de la casa.

Circulaciones. Las circulaciones son muy claras, en el nivel de acceso, la parte más social, la circulación es lineal pero además libre, promoviendo un desplazamiento en todos los sentidos y siempre en contacto con el ambiente natural, a través de escaleras se accede al nivel inferior que distribuye a través de un pasillo a los cuartos y termina en la sala social, que a su vez está separada de la habitación principal por un espacio intermedio. Que se transita por medio de ajas sobre una cama de grava, para enriquecer el recorrido dentro del espacio interno.

Casa Osmosis – Costa Rica

¿Cuántos pliegos podemos descubrir entre el interior y el exterior?

Esta fue la pregunta para una casa que se encuentra sobre una montaña con vista consumante de la cuenca del Río Tulín y Océano Pacífico de Playa Hermosa de Jacó. Es un hecho que el trópico no tiene las condiciones de frío y calor extremo que existen en las zonas temperadas, pero ¿de qué manera es aprovechable que los espacios interiores en el trópico no tienen que estar sellados del o hacia el exterior?

Esta fue la partida de la exploración para esta casa en donde el proceso arquitectónico fue metáfora del proceso biológico de osmosis. El programa fue definido en tres volúmenes sólidos los cuales se han separado y conectado entre sí por un espacio intersticial permeable a la luz, ventilación y libre circulación de sus residentes.

Los desplazamientos entre los volúmenes y el intersticio permeable fueron resultado de orientar a fuertes vistas y fuerzas del sitio. En esta casa las preguntas y sueños arquitectónicos fueron los que marcaron las pautas para las soluciones técnicas y no viceversa.

La permeabilidad a la luz se creó por medio una cubierta traslúcida y un cielo traslúcido, la permeabilidad a la ventilación se creó con cerramientos múltiples de metal expandido con cedazos y la libre circulación se creó con sistemas plegables y corredizos de escala exagerada que permiten una gran apertura de la casa con el exterior. Esta permeabilidad busca y crea espacios que apuntan hacia uno de los aspectos más primordiales de la vida: Crecimiento y movimiento.

Fuentes de crecimiento son la luz que brinda salud mental, física y emocional; así como la apropiada y continua ventilación natural, perteneciente a un equilibrio dinámico.

Salud entonces es uno de los resultados de asimilar un proceso biológico en la arquitectura como lo es el proceso biológico de “osmosis”. Osmosis es la permeabilidad entre un sistema y otro que permite de manera controlada un eventual balance entre ellos.

De esta manera la casa tiene múltiples capas entre el exterior y el interior y se pueden delimitar como las siguientes: Exterior, Exterior techada, Exterior techada luminosa, Interior techada luminosa-ventilada, Interior techada-ventilada e Interior. No es posible transitar de exterior a interior en esta casa sin atravesar estas capas y su consecuente efecto fenomenológico en el cuerpo y psique.

Es una exploración tropical pero no vernácula. Es una exploración contemporánea que busca entender el clima y su lugar dentro del espíritu de la época actual quien habita en el espíritu de sus residentes. El programa se desenvuelve tanto por las necesidades interiores del cliente como por las fuerzas existentes en el sitio. De esta manera su composición y circulación son también resultado de un proceso biológico de movimiento de fuerzas interiores y exteriores.

La conclusión es crear más perplejidad entre esta división preconcebida entre interior y exterior que ha sido adoptada de la arquitectura de las zonas temperadas. Así creando una solución más relevante al clima y condiciones del trópico.

A diferentes horas del día, esta casa se abre y se cierra de diferentes maneras y a toda hora esta es saludable y apta para sus residentes mientras continúe cambiando.

Casa Sin Huella – Costa Rica

Al explorar los resultados de nuestra investigación acerca de la construcción eficiente en energía y la arquitectura bioclimática, la Casa Sin Huella (No Footprint House, NFH por su abreviatura en inglés) es definido por sus aleros espaciosos, muros inclinados y elementos de fachada operables que facilitan la ventilación y sombra naturales en relación a los parámetros específicos del sitio. Aparte de su baja huella ecológica en términos de los materiales utilizados, la NFH es completamente armable y desarmable con el fin de minimizar su impacto en el medio ambiente.

La Casa sin Huella (No Footprint House – NFH) es un conjunto de elementos que permiten una multitud de configuraciones para una vida de calidad alta, sostenible y asequible en los trópicos.

Los diferentes diseños se basan en una grilla constructiva de tres por tres metros. La primera serie de tipologías consiste de casas independientes para usuarios individuales, parejas o familias. El catálogo global del NFH ofrece configuraciones de uno, dos o tres pisos para permitir módulos de viviendas rurales y urbanas. Originalmente, la NFH fue diseñada para las zonas costeras de Costa Rica, con el fin de permitir un crecimiento lento del mercado de bienes raíces local sin dañar la naturaleza alrededor.

La idea de una huella reducida se interpreta de dos maneras diferentes. Por un lado, se escogió una selección de materiales amigables con el medio ambiente y rentables para minimizar el impacto ambiental y asegurar la asequibilidad. El enfoque está en productos y materiales locales con grandes capacidades de reciclaje. Por otro lado, el edificio y sus servicios, incluyendo las fundaciones, fueron diseñados de tal manera que se pueden remover enteramente del sitio, lo cual significa que se puede de-construir y re-construir en otro lugar.

El usuario puede personalizar su edificio de acuerdo a sus necesidades reales, para proporcionar un nivel de flexibilidad máximo y ajustar a los requerimientos de los ocupantes. Todos los modelos son definidos por una clara relación de un núcleo central de servicios, que alimenta las configuraciones de planta libre de espacios habitables alrededor del mismo. De esta manera, la circulación así como la relación de espacios abiertos y cerrados puede ser optimizada.

La arquitectura de la Casa sin Huella se define por los principios de la arquitectura bioclimática, lo cual significa: grandes aleros y ventilación natural para proporcionar una protección óptima del clima local con una tecnología baja y apropiada. Es fundamental tratar los recursos naturales de modo responsable para dirigir la problemática relacionada con los asentamientos humanos, el uso de la energía y el medio ambiente construido para lograr un desarrollo sostenible integral. Se ha establecido la agenda del NFH para alcanzar estos objetivos.

Casa Tropical – Costa Rica

Este proyecto de investigación analiza los modelos exitosos de vivienda industrializada en todo el mundo y propone una serie de casas sostenibles de baja inversión, diseñado para ofrecer el máximo confort en las distintas variedades de clima tropical en Costa Rica. Prototipos específicos fueron desarrollados para el clima seco del Pacífico Norte, así como para el clima húmedo del Caribe Sur.

Las tipologías de edificios de una y dos plantas se caracterizan por sus planos flexibles: paredes movibles cambian las habitaciones y terrazas a diferentes configuraciones, desdibujando así los límites entre las actividades al interior y al exterior. La arquitectura bioclimática responde al clima caliente y húmedo local. Se desarrollaron los diferentes prototipos como insumo para nuestros proyectos de construcción y para contribuir a un diálogo interdisciplinario sobre la construcción sostenible a nivel mundial.

“Sostenibilidad” bien podría ser una de las palabras más utilizadas y menos comprendidas en el mundo. Su significado a menudo se nubla por interpretaciones diferentes y por una tendencia en muchas personas de tratar el tema superficialmente. Para la mayoría de los que lo toman en serio, el concepto de la sostenibilidad no solo abarca la preservación del medio ambiente, sino también aspectos críticos vinculados al desarrollo, como son el uso eficiente de los recursos, un crecimiento económico estable y el progreso continuo hacia la equidad social.

En el sector de la construcción hay muchos aspectos que se puede cambiar para lograr un futuro más sostenible para nuestra planeta. La construcción sostenible se enfoca en satisfacer las necesidades de vivienda, ambientes laborales e infraestructura que existen hoy en día, sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones de satisfacer sus necesidades en los tiempos venideros.

Casa del Pacífico Norte

La arquitectura bioclimática de este prototipo está optimizada para su ubicación de destino en la costa del Pacífico de Costa Rica. Diferentes formas de techo se han estudiado con el fin de crear una protección optimizada considerando el clima local, así como para permitir un escenario integral de recolección de agua de lluvia en la época lluviosa. La posición del edificio y sus fachadas se han desarrollado de tal forma que permiten la ventilación natural y protegen los interiores de sobrecalentamiento sin la necesidad de usar aire acondicionado.

El techo en forma de hongo recibe el agua de lluvia que se almacena en un recipiente subterráneo. El cuerpo de agua almacenada en combinación con la base sólida proporciona un clima fresco agradable dentro del edificio. La base provee además estabilidad en una zona sensible a sismos. El aire caliente es succionado desde debajo del techo por medio de un corriente que pasa por el entorno de abajo hacia arriba y que puede ser aumentado o reducido mediante una serie de paneles corredizos en la fachada. En tiempos de ausencia de personas, se puede cerrar el edificio herméticamente para protegerlo de los elementos.