MAR ADENTRO

La primera vez que visité el terreno y percibí el desierto con el agua de fondo en una línea horizontal, diáfana, clara, sentí la enorme pulsión del agua en medio de un sol calcinante. Este pedazo de tierra en medio de una cinta costera aglutinada de “Hoteles Todo Incluido” tenía que ser una caja que contuviera su propio mar y casi su propio aire; las circunstancias del universo habían creado un desierto unido al mar en una línea horizontal en el paisaje más minimalista y puro que puede dibujar un horizonte. A los lados de ese paisaje de ensueño contrastaba con lo que los humanos pensamos y construimos como estético y bautizamos como arquitectura. Por tanto, quise dibujar mi propia versión aislada del resto.
La mayor virtud de la arquitectura es la generación de sensaciones: a través del espacio transcurren una serie de planos en el ámbito sensitivo. Esa capacidad es mayor cuando el entorno permite que te fusiones a él y entonces forme parte de tu propio espacio. En ese sentido, quise tomar el horizonte y meterlo hasta un primer plano; el agua transcurre y bordea todo el proyecto, todos los volúmenes se abren al mar y dan la espalda a la ciudad que es el resto del entorno cargado de ruido. Es una especie de Medina abierta al mar. Cada volumen flotante contiene cuerpos interiores que son a su vez universos independientes; cada cuarto contiene visualmente un pedazo de mar, nadie se abstiene de verlo.
 
La construcción no ha evolucionado a la par de otras actividades, el automóvil por ejemplo en cien años pasó de ser una carreta a lo que hoy conocemos. Si veo el Pabellón de Mies Van Der Roe, en esencia, es muy parecido a lo que hoy transcurre, quizás transgredida un poco la arquitectura hacia la involución pues vemos estructuras innecesariamente complicadas dispersas en un mundo de propuestas arriesgadas que forman un paisaje actual que llamamos moderno o contemporáneo, pero no ha sido muy evolutivo.
  
Cada habitación de Mar Adentro fue construida en fábrica; Poliform fue nuestro aliado. Se construyó todo el cuerpo interior y lo mandamos en cajas por mar hasta su destino, ensambladas en sitio con mano de obra local. En pocos días, una habitación estaba lista con una calidad sujeta a la dictadura de una máquina y la sabiduría de una mano que ha dedicado su vida a ello, sin cabida a la improvisación, pero hecha con inteligencia, imaginación y empeño.
 
El proyecto Mar Adentro pudo construirse todo con ese proceso empleando un módulo cuya versatilidad le permite dividirse o sumarse para ser una estructura autónoma o dependiente de otra. Nuestro módulo principal es una especie de loft; si es dividido a la mitad son dos habitaciones, las más sencillas. Si se suma un módulo, se convierte en un apartamento de dos, tres o cuatro habitaciones. Si se suman dos cuerpos o cuatro, se forma una casa completa. Lo importante es la versatilidad de este cuerpo que puede ser totalmente construido en fábrica y amigablemente construido en sitio.