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Sky Condos Perú

El proyecto nace a partir de la visualización de la identidad del Perú, de parte de su ser, de sus entrañas, donde la fuerza del pasado es testigo del presente, y viaja a cada paso en el imaginario de sus habitantes, se abre como escenario ocasional y en cada escena entreteje dos historias, un pasado y un presente.

A partir de un juego de tramas de esta fuerza del pasado, se resalta como elemento central la “Huaca”, definida como parte de la estructura de la ciudad, rememorando el antiguo Perú y su cultura, sus centros de veneración y culto.

El juego volumétrico de la “Huaca” lleva a la abstracción de un juego líneas y retículas que ayudan a establecer la complejidad dentro de la sencillez. El proyecto es una escena, es pausa y símbolo, pasado y presente, las líneas definen la estructura, la retícula conforma las posibilidades de composición, y la volumetría alberga la espacialidad que se conjuga con el contexto, el verde del campo, el azul del mar, y los tonos marrones de la ciudad.

Dentro de la retícula, el espacio se transforma, adentro y afuera, arriba y abajo, las dimensiones pierden límites para crear una experiencia sin igual en el usuario, la libertad se abre paso y el proyecto a veces se pierde en el azul del cielo, a veces se pierde en el verde del afuera, se transforma, y es oasis dentro de la ciudad.

Como principio, la estructura se define de una manera sencilla, donde las interrelaciones deseadas van a interpretar la complejidad. De esta manera, se establecen múltiples composiciones, enfatizando intenciones vinculadas principalmente con la búsqueda de espacialidad y confort.

Es así como se articulan al proyecto los matices ofrecidos por el contexto, el verde de los campos, la tranquilidad azul del océano, y los marrones, la tierra misma, creando un oasis dentro de la ciudad.

El proyecto se encuentra entonces “invadido” por el verde, por medio de jardines aéreos, o espacios verdes en altura, que van a predominar en los vacíos del juego volumétrico de la edificación y que toman dimensiones de hasta 4 pisos de altura, llegando a constituir hasta un 18% del área total del edificio.

A partir de esta particularidad se establece una fuerte relación entre los amplios espacios interiores, vinculándolos directamente con estos jardines. El agua es un elemento de suma importancia que también se encuentra presente, formando parte de las fachadas mediante la integración de piscinas sin límite.

El proyecto enmarca una volumetría dinámica dentro de una estructura que respeta la forma pura de los elementos urbanos del contexto: la estructura principal funciona como una columna vertebral en concreto, donde se localizan los núcleos de circulación vertical e instalaciones. La estructura secundaria en metal, es una estructura modular que funciona como marcos que sostienen los volúmenes habitables. Estos se pueden utilizar como andamios o la utilización de anclajes en vigas que facilitan la limpieza y mantenimiento del edificio.

Pinares de Santo Domingo

Pinares de Santo Domingo se ubica en el reparto Santo Domingo en la ciudad de Managua, en una parcela del terreno de 9,262 m2 con una topografía accidentada.

Contiene 8 volúmenes que comprenden: garita de control al acceso principal, área de administración, lobby, torres de apartamentos, área de recreación, piscina y townhouses. Las torres se abren de norte a sur permitiendo una vista completa del lago y las montañas del norte de Nicaragua.

Su concepto se genera a partir de 2 cuerpos blancos que surgen de las terrazas, los cuales se mezclan con los pinares sembrados y al mismo tiempo contrastan con el verdor de los follajes circundantes. A la vez los volúmenes limpios que se protegen responsablemente del sol con parasoles en las ventanas se abren con el fin de encontrar la vista del lago Xolotlán y las montañas del norte, buscando armonía con el entorno.

Las torres se han diseñado de manera modular, cada una de ellas se puede fraccionar en 4 unidades de apartamentos o bien 3 o 2 o 1 un solo pen house. Existe un cauce en el costado oeste del terreno que se tuvo que trabajar y revestir para permitir un flujo óptimo de las escorrentías pluviales. La utilización de gaviones en la retención oeste permitió disminuir costos de construcción de manera sustancial.

El movimiento de tierra fue extremo y debido a las condiciones topográficas se generaron muros de retención hasta de 7 metros de altura. Se trabajaron los elementos generadores de electricidad y cisternas de agua en conjunto con la topografía utilizando el desnivel existente para ocultarlos, dejando una cubierta ajardinada que se integra al área de la recepción principal. Se maximizó el área de uso, permitiendo mantener una relación equilibrada entre estacionamientos y viviendas.

Todo el proyecto cuenta con rampas de accesibilidad desde los estacionamientos hacia las recepciones de los apartamentos. Cada torre está equipada con 2 elevadores de 9 personas cada uno; en total existen 4 elevadores. Se preservó un árbol de Ceiba relativamente viejo y grande, respetando su espacio y protegiendo su entorno con retenciones de piedra cantera.

Se reforestó el entorno con más de 250 árboles pinos que actualmente tienen hasta 2.5 metros de altura. Se infiltraron el 100% de las aguas pluviales en pozos y zanjas dentro del terreno de esta manera se evita sobrecargar la red existente de la ciudad.

Sintiopia – Nicaragua

La población de la aldea Sintiope en la isla de Ometepe, vivía bajo el riesgo permanente de ser enterrada por deslizamientos de tierra provenientes del volcán Concepción durante la temporada de lluvia. Un proyecto la reubicó a un nuevo sitio a 5 kilómetros de distancia (bautizado por la población como “Manos Unidas”) con el apoyo financiero de los holandeses y ejecutado con la ONG Habitar y los futuros habitantes.

Un prototipo residencial de 6x6m fue desarrollado con los habitantes en un proceso de diseño participativo que combina los objetivos de la vivienda progresiva y productiva, ambos componentes esenciales para el estilo de vida de los isleños. El prototipo podía ser ajustado y ampliado de acuerdo a las necesidades de cada familia. De esta forma las casas podían crecer alrededor del núcleo residencial predefinida e incluso conectarse al área del vecino para crear la oportunidad a familias extendidas y amistades de vivir y trabajar juntas.

La transición completa de la comunidad fue planeada sobre un período de diez años. La construcción de la base de las 60 viviendas fue realizada por la población bajo la dirección y supervisión de la organización nicaragüense Habitar, que trabaja con equipos multidisciplinarios de arquitectos, ingenieros y trabajadores sociales. Los primeros edificios fueron además realizados con el apoyo de voluntarios de los holandeses.

Desde la entrega de las viviendas en el 2003 ha iniciado el proceso de habitar el área con las mutaciones individuales pero alineadas a los parámetros predefinidos del plan urbano global de la nueva aldea. En el tiempo los habitantes fueron ampliando sus casas, sembrando arboles, trajeron sus animales y construyeron áreas de lavado aprovechando el sistema de agua colocado por el gobierno nacional y la cooperación española (con una estación de bombeo en un contenedor). Con la ayuda del Nicaragua Comité Haarlem construyeron una casa comunal y la cooperación japonesa adoquinó la calle principal que va desde el puerto de Moyogalpa hasta Altagracia al otro lado de la isla, mejorando la conectividad de la población de Manos Unidas así como su salud por la disminución de polvo.

El proyecto fue descrito como ejemplar para la acción preventiva ante la posible ocurrencia de desastres naturales (en vez de brindar apoyo de emergencia después). Fue mencionado por el gobierno nacional como un proyecto modelo para el desarrollo sostenible en apoyo a y con la integración de la población local.

Además, se fomentó la economía local y se fortalecieron las capacidades de la población, disminuyendo así los motivos económicos de emigrar. Los materiales de construcción fueron producidos con recursos humanos y naturales de la isla (solo el metal se tenía que traer de afuera). Las casas antiguas fueron convertidas en empresas locales de tal forma que pueden ser evacuadas a corto plazo en caso de emergencia. Aprovechando los conocimientos adquiridos durante la auto- construcción asistida del núcleo residencial, los habitantes han empezado a ejercer nuevos oficios y generar ingresos adicionales para el hogar. En resumen, se ha mejorado los niveles de vida en esta isla rural situada en el vasto Lago de Nicaragua.

La Capilla de Fátima – Costa Rica

Nacido en Nicaragua en el año de 1933, Alberto Linner atribuye la vigencia en su ejercicio profesional a su madre una hermosa dama nicaragüense. “Ella era muy entregada, lo llevo en la sangre” recuerda al explicar de dónde nace su vocación por servir. En 1954 ingresa al Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, en México, lugar escogido para estudiar arquitectura. De allí egresa con su título en 1958 y ese mismo año empieza a trabajar en el Instituto Mexicano de Seguridad Social, pues la vocación por servir inculcada por su madre lo llevó a decidirse por la arquitectura de salud.

Años después, a inicios de los sesentas, personeros de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) visitan México y solicitan ayuda para la construcción de lo que sería el Hospital México. Después de varias reuniones lograron ponerse de acuerdo en que los planos se harían en la Dirección de Inmuebles y Construcción, y que miembros de esa dependencia dirigirían la obra.

El trabajo se inicia en 1962 y Alberto Linner es parte del equipo que dirige la obra. Sin embargo, lo que se programó como un proyecto de unos años, termino siendo un trabajo para la CCSS de 1962 a 1994. Es así, aunque sin planearlo, que se inicia su larga relación afectuosa y profesional con Costa Rica.

Curiosamente, a pesar de lo que podría pensar y las muy valiosas obras arquitectónicas que desarrollo para la institución de seguridad social costarricense, su consagración como arquitecto no vino de parte de un proyecto de salud, sino de su primer obra religiosa la Iglesia de Nuestra Señora de Fátima regenteada por los padres carmelitas descalzos, quienes le pidieron que hicieran su convento y capilla en Los Yoses.

 Fray Pascual Bertrán fue testigo de cómo el proyecto se gestó en una servilleta o, al menos, el concepto espacial que da origen a la iglesia. Concebida en una cabeza de manzana que se desarrolla de este a oeste, viendo hacia el oeste casi de manera casual. Esta casualidad brindó la oportunidad de recoger los aires del noreste y sol por el lado sur, que es donde se desarrolló el vía crucis. El eje principal de la iglesia no es de la entrada al altar como tradicionalmente se hace, sino de la entrada al sagrario, respondiendo más bien a un eje espiritual.

La iglesia recoge los principios de la orden de los carmelitas de pobreza, humildad y austeridad. Destaca por ser tremendamente austera: no se buscó ningún lujo. De forma obligada se utilizó concreto aparente, algunas veces con esteras en la formaleta, en otras se pulió, y en la mayoría con el acabado natural. El piso es de losetas de barro que se trajeron de Chiltepe (Nicaragua), complementando con su sencillez el interior. La magnificencia está en la calidad espacial que sólo lo puede lograr la arquitectura.

Detrás del sagrario destaca un vitral que introduce luz en este pequeño espacio. Tiene además vitrales principalmente en tonos rojos y azules traídos de México, los cuales permiten un juego de luces según las horas del día.

Esta sencilla capilla, a pesar de ser de 1969, sigue recibiendo reconocimientos y se sigue publicando por su valor. Incluso fue declarada Patrimonio Histórico y Arquitectónico y seleccionada por el libro 20th Century World Architecture de Phaidon Press, en el año 2012, como uno de los 750 edificios claves de la arquitectura mundial.

Casa RH – Managua

La CASA R.H. es una vivienda unifamiliar ubicada en un residencial de la ciudad de Managua, diseñada para una pareja de profesionales jóvenes. La música es un elemento importante en el programa de la vivienda ya que uno de sus ocupantes es músico, por lo que el diseño incluye un cuarto de ensayos y una relación de espacios internos que favorezca las reuniones sociales.

El terreno siempre es uno de los principales factores a tomar en cuenta dentro de un proceso de diseño, la correcta orientación es esencial para la eficiencia y confort de los espacios de un proyecto.

En este sentido la CASA R.H. se encuentra ubicada en un lote de forma irregular, con un acceso bastante estrecho y comprometido por las vistas de las casas vecinas. La idea principal del proyecto fue brindar a sus habitantes la mayor privacidad posible, por lo que la casa se cierra al espacio exterior (la calle) y se abre en el interior. La sobriedad de las formas y el uso efectivo de los materiales de la CASA R.H. son una respuesta al contexto en el cual se ubica la vivienda.

El acceso al lote se encuentra orientado al oeste mientras que al norte y al suroeste se encuentran las viviendas de los vecinos. Por esto, la fachada principal posee una serie de parasoles de madera que protegen de la incidencia directa del sol de la tarde y dan privacidad. Al interior los espacios sociales se ubicaron de tal manera que todos tuvieran una relación directa con el patio que está orientado al noreste, de esta manera la casa se beneficia de la iluminación y ventilación natural. En toda la casa se hace uso de la ventilación cruzada.

Arquitectura Moderna – Entrevista Gilberto Martínez

¿De donde surge la idea de investigar el período de la arquitectura moderna en Nicaragua?

Surge de una inquietud personal y por distintas razones. Una de ellas fue la necesidad de armar un contexto arquitectónico poco abordado. Por medio de la investigación, quise analizar cómo se proyectaba la arquitectura antes del terremoto de 1972 (pues son varios los edificios que desafiaron el terremoto), valorar el trabajo de los primeros arquitectos nicaragüenses (específicamente José F. Terán) y comprender la relación que tiene esa arquitectura con la ciudad actual.

Por otro lado, la idea surge para introducir una arquitectura de Nicaragua en la línea del tiempo de la arquitectura moderna en Latinoamérica y que por mucho tiempo ha estado ausente.

¿Podrías brindarnos una reseña sobre tu tesis investigativa para optar a MSc.?

Mi trabajo analiza a través de la Arquitectura Moderna en Nicaragua, dos de las más importantes obras construidas en Managua durante la década de 1960. En ese sentido, una arquitectura marcada por un impulso desarrollista referido a Norteamérica, filtrado precisamente, en la obra del arquitecto José Francisco Terán Callejas (n.1932).

La tesis está estructurada en tres importantes períodos:

Una primera sección aborda los Precedentes: La Reconstrucción de Managua como un contexto en el que arquitectos graduados en el extranjero desarrollan su práctica en sociedad con otras profesiones. Obviamente es un escenario que precede a la figura de José F. Terán, pero en alguna medida, son estas prácticas y nuevos planteamientos sobre la ciudad en reconstrucción, que dieron forma al pensamiento y arquitectura de este personaje. Cabe recalcar que no existe mayor documentación sobre la arquitectura de Nicaragua, por lo tanto, se intenta generar una base de conocimiento nuevo a partir de lo que propone la tesis.

Una segunda sección presenta 1960: El retorno del joven arquitecto a Managua, momento en el cual destaca su asociación con el grupo de Arquitectos Ingenieros S, A. (AISA) donde se involucra en el diseño y construcción de casi todos los edificios importantes de la capital. Simultáneamente, su alianza en la oficina Osorio y Terán (OT) con otro grande de la arquitectura local, le permiten formar una de las mejores firmas de arquitectura nicaragüense a partir de 1964.

Finalmente en un tercer y último apartado, se consideran dos obras significativas: El Teatro Nacional Rubén Darío (1966-1969) y la Empresa Nacional de Luz y Fuerza (1968-1970), dos edificios que tienen al menos la suficiente fuerza y documentación para introducir como resultado directo, la experiencia de José F. Terán.

¿Cuál es el impacto o la huella dejada por el Arq. Terán en el desarrollo del país y en las generaciones posteriores a su obra?

La obra del arquitecto Terán en Nicaragua es notable. En 19 años de ejercicio profesional, Terán tránsito por diferentes caminos en busca de un lenguaje arquitectónico y de un patrón representativo. Su obra nos posiciona, inmediatamente, en un espacio de tiempo importante para la arquitectura de Nicaragua.

Muestran un horizonte pragmático, reflejo del aprendizaje en EEUU, del desarrollo que vivía Nicaragua y de la aplicación de las técnicas antisísmicas.

Su importancia está en haber insertado una conciencia constructiva en la Nicaragua sísmica, que a su llegada en 1960, aún obedecía a condiciones evidentes en el fenómeno de 1931, y que continuarían hasta 1972. Su obra está asociada a conceptos de eficiencia constructiva, acentuada por criterios de planificación y economía, inexistentes en el país antes de 1958. En lo fundamental, asume una arquitectura entre terremotos.

Entre sus obras de gran significado para el paisaje urbano de Managua, puede mencionarse el Teatro Nacional Rubén Darío (1966-1969), considerado el edificio más representativo del país; edificio administrativo de la Empresa Nacional de Luz y Fuerza (ENALUF, 1970), Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (INCAE, 1966), sede social del Nejapa Country Club (1977-1978); todas las sucursales del Banco Nicaragüense (BANIC); y numerosas casas particulares. En igual forma, las obras habitacionales como Ciudad Jardín, que por su calidad y carácter social fue el primer proyecto financiado con fondos de la Agencia Internacional de Desarrollo bajo la Alianza para el Progreso de Estados Unidos. Luego vinieron Bello Horizonte, Jardines de Veracruz, Primero de Mayo, Valle Dorado.

Pequeña reseña o explicación del TNRD y ENALUF (estilo, función, forma, escala urbana)

Habiendo visto el trasfondo que hay en la formación del Arquitecto Terán y considerando todos los elementos que han sido puestos dentro del perfil de este personaje, dos obras constituyen el núcleo de su aporte al desarrollo de la arquitectura en Nicaragua.

En términos formales, el Teatro Nacional Rubén Darío (TNRD) es una obra diseñada de adentro hacia afuera. Un teatro por dentro y un edificio por fuera. Primero, el artista que se siente abrazado por el público; segundo, la audiencia –ancha y lo menos profunda-; tercero, las fachadas, accesos, lobbies, estacionamientos.

Este edificio nace por la carencia de espacios culturales que desaparecen en el terremoto de 1931. La planificación e integridad de sus espacios fueron definidos de manera longitudinal y transversal. El concepto y calidad arquitectónica en su interior es resultado de su formación con Minoru Yamasaki y Gunnar Birkerts, pero también las referencias de Philip Johnson. El TNRD es una obra clásica con estándares modernos.

ENALUF, desde su concepto inicial, la funcionalidad y estética fueron factores determinantes para la forma arquitectónica y urbana del proyecto. En la función, se resuelve un programa administrativo –complejo- y en la estética, se propone un lenguaje entre la obra y su emplazamiento. El buen uso de la topografía es una metáfora al suelo volcánico de Managua. Su forma es dada por el volumen vertical que envuelve las funciones ejecutivas y el horizontal rige las comerciales. Tiene gran calidad espacial, son armoniosos, accesibles. Iluminados. Abiertos y cerrados. La planta arquitectónica de la torre lo conforma un núcleo estructural de escaleras y un perímetro de columnas.

¿Cuál es el principal aporte de tu libro y exposición, así como la importancia de la documentación de proyectos para futuras generaciones?

El libro y exposición “Arquitectura Moderna en Nicaragua 1960-1970: Una aproximación a la obra de José F. Terán Callejas”, pretende a través de la vida y obra del arquitecto, generar una opinión sobre la ciudad y sus edificios, desea abrir espacio para un cambio social. El libro y exposición abordan al individuo, su trabajo, proyección y los aportes significativos que impulsaron el desarrollo de Nicaragua, la arquitectura y la construcción. Es un reconocimiento a su creatividad, a esa capacidad de impulsar ideas a lo largo de su carrera, que si bien se ha desarrollado entre Nicaragua y Estados Unidos, está íntimamente ligado a Nicaragua.

En ese sentido, el principal aporte es motivar e incentivar a la nueva generación de arquitectos que por medio de la investigación también se puede construir arquitectura. Mientras los arquitectos nicaragüenses no reconozcan su geografía, mientras no dialoguen con el entorno natural, no tendremos identidad arquitectónica. Y para reconocer y valorar esto, debemos saber de dónde venimos.

Casa 72 – San Juan del Sur

El proyecto se localiza frente a las costas de la bahía de San Juan del Sur. En un terreno que presenta una topografía accidentada la cual permite una amplitud de vista a todo el paisaje natural de la bahía. Como primera intención, el Arquitecto decidió como principio de diseño: esconder su proyecto dentro de la naturaleza y aprovechar la vista al mar.

La casa 72 aporta al entorno una intención arquitectónica. Es una casa angosta, que crece verticalmente, rompiendo el estilo tradicional de la zona, formalmente se integra con el ambiente, y busca interactuar con las visuales que ofrece el sitio.

Los juegos de los volúmenes generan una combinación de materiales en su estado natural, principalmente madera, acrílico y concreto expuesto. Estos volúmenes presentan grandes aperturas que permiten la circulación natural del aire. Además la utilización del acrílico, permite la entrada de luz durante la mayor parte del día. Los interiores son totalmente abiertos, los cuales se integran entre si gracias a los diferentes niveles de pisos del proyecto.

El programa está compuesto por 7 niveles, el primer y segundo nivel se complementan entre si mediante un espacio social abierto, que funciona como acceso principal a la casa, este se conecta con una zona de doble altura que integra la cocina con el comedor y la sala familiar. Estos son vestibulados por el eje de circulación vertical, el cual sirve de conexión con los niveles superiores de la vivienda, los cuales albergan 5 habitaciones y diferentes espacios de estudio y terrazas, que permiten una vista de 180° a la hermosa bahía de San Juan.

Los cerramientos y pisos de la casa son en su mayoría maderas de Pino tratado, traídas del Departamento de Jinotega, Nicaragua, estos descansan sobre muros de concreto expuestos, en el nivel inferior.

Las fachadas presentas diferentes juegos de vitrales en tonos amarillo, azul, naranja y rojo, la fachada oeste se abre con dichos vitrales, para aprovechar la vista y permitir el acceso de luz a los diferentes niveles. Las fachadas norte y sur son más cerradas pero presentan diferentes terrazas las cuales generan una sensación de movimiento.

 

Casa Salo – Panamá

Hace años vivía en París, en un apartamento en el sexto piso de un inmueble en la Rue Montmartre, en Les Halles. Eran cuatro minúsculos cuartos al final de una escalera desvencijada con dos ventanas hacia la calle y una hacia un patio interior y no podía estrecharme mis brazos sin tocar el techo. Durante años sentí que era el cielo, pero a medida que esa ilusión se desvanecía y parecía ser más como una camisa de fuerza que el paraíso.

Me encontré a menudo meditando en la idea de vivir algún día en un lugar sin paredes, sin ventanas, sin restricciones, sin límites.

Años más tarde vino la revelación. Era una hermosa tarde de febrero, el cielo estaba teñido de naranja y morado y estaba sentado en el “break” de Santa Catalina, cuando de repente se me ocurrió que tal vez encontraría lo que desde hace tanto tiempo soñaba en el promontorio que veía al oeste, en el horizonte. Y así fue.

Aunque a raíz de muchos años de práctica de agricultura de subsistencia, la cima del cerro había sido transformada en un campo baldío, quemado y estéril, estaba rodeado por el cielo y el océano infinito, con una franja de bosque seco desde donde emanaban los llantos de monos aulladores y había una vista hacia el sur que juraba dejaba ver hasta las Islas Galápagos.

Ese primer día en el cerro, sabía que si íbamos a intentar vivir allí tendríamos que recrear el ecosistema devastado como primer paso, y con esa meta en mente nos pusimos a construir una estructura hecha de materiales recuperados que llevamos en camión, cayuco, balsa, panga, a cuesta de caballo y a cuesta de espalda, a través de caminos enlodados, pasando por el Río Grande, manglares, playas y ensenadas hasta la cima del cerro. Allí construimos un gran techo para captar agua de lluvia en tanques y una cisterna abierta que sirve también de piscina, sembramos plantas, flores y árboles por todas partes y dejamos a la madre naturaleza tomar su curso.

A cambio nos regaló una explosión espontánea de vida- las aves volvieron primero, cantando en los aleros al amanecer- luego vinieron mariposas, ranas, serpientes, iguanas, más monos aulladores- hasta los venados que se habían cazado casi a la extinción, encontraron el camino de vuelta.

Siguiendo el ejemplo de la madre naturaleza y como respuesta a sus cambios de temperamento, crecimos la casa orgánicamente. Cuando venían rayos, truenos y tempestades como una alucinación desde el sur, hicimos el techo más grande en esa dirección, para encajar el choque de la colisión y deslizamos paredes traslúcidas para protegernos de la lluvia, asegurándonos un espacio de calma y la esperanza de salvación dentro del caos. Cuando los vientos cálidos del verano soplaron sin tregua desde el norte en un intento de barrernos de la cima del cerro, retiramos las paredes y el techo, ligero como una cometa, ondulaba como olas del océano o como un ave gigante tomando vuelo.

Comenzamos construyendo la casa SaLo con el objetivo de recrear un ecosistema y de investigar la naturaleza de la arquitectura tropical. Durante los últimos diecisiete años la casa ha sido como una especie de laboratorio donde hemos experimentado con estructuras, materiales y métodos de construcción, esperando de esa manera llegar a alguna conclusión respecto a estos temas.

Pero resulta que es mejor que el experimento se quede sin conclusiones y lo único que puedo decir con certeza es que la experiencia de construir y vivir allí nos ha llevado a apreciar más que nunca algunas cosas simples e infinitas como lo son el espacio y el tiempo, permitiéndonos de paso un destello de lo que tal vez sea el paraíso.